Nº. 1 of  83

Hojas que pasan

Sucesos de historia literaria

Llegada la noche, retorno a casa, y entro en mi escritorio; y, al llegar al umbral del escritorio, me despojo de la ropa cotidiana llena de fango y de lodo, y revisto mis ropajes reales y curiales; y así, revestido de un modo adecuado entro en las antiguas cortes de los antiguos hombres, donde, recibido por ellos amorosamente, me alimento de ese manjar, que es el único que me corresponde, porque yo nací para él; y entonces yo no me avergüenzo de hablar con ellos, y de preguntarles por las razones de sus actos; y ellos por su gran humanidad me responden; y durante cuatro horas de tiempo no siento ya ningún hastío, olvido cualquier afán, no tengo miedo de la pobreza, no me asusta la muerte: me transfiguro totalmente en ellos.

Niccolò Machiavelli, Cartas

En realidad, ambos, miedo y esperanza, son lo mismo: la exclusión del presente mediante la precaria amenaza o promesa del futuro.

Gabriel Albiac, Sumisiones voluntarias. La invención del sujeto político: de Maquiavelo a Spinoza

No malgastar pólvora con los prisioneros era una ley no escrita del ejército argentino de la época, y el gaucho veterano, diestro en el manejo del cuchillo, disfrutaba observándola. Les oí contar que siempre era un motivo de alegría tener como víctima algún joven con un bonito cuello; después de tantas gargantas duras, viejas y esmirriadas, con gente así no se daban ninguna prisa en terminar el trabajo; lo hacían pausadamente y con cariño. Darwin, al alabar al gaucho en ‘Viaje de un naturalista’, cuenta que si un gaucho te ha de rebanar la garganta lo hará como un caballero; ya desde muy niño supe que no era así y que lo haría más bien como una criatura infernal, regodeándose en su crueldad. Escucharía con atención todo lo que pudiera decir su prisionero con tal de ablandar su corazón, todas sus plegarias y súplicas conmovedoras y luego contestaría: «¡Ay!, amigo mío, —o amiguito o hermano—, tus palabras me llegan al corazón y de buena gana te perdonaría la vida, aunque sólo fuese por esa pobre madre tuya que te amamantó con su leche, e incluso por ti mismo, pues en este poco tiempo ha crecido mucho mi amistad por ti, pero tu perdición es ese cuello que tienes, ¡cómo iba yo a privar del placer de rebanar una garganta así… tan lisa, tan suave, tan bien formada y tan blanca! ¡Piensa en la visión de la sangre tibia y roja brotando de esa columna blanca!». Y así hasta el final, mientras blandía la hoja de acero ante los ojos del cautivo.

W. H. Hudson, Allá lejos y tiempo atrás

jamofalifetime:

The Confusions of Young Törless (Die Verwirrungen des Zöglings Törleß)
by Robert Musil
Rating: 8.25/10

jamofalifetime:

The Confusions of Young Törless (Die Verwirrungen des Zöglings Törleß)

by Robert Musil

Rating: 8.25/10

Otro de los libros de Kilgore Trout que estaba en el escaparate trataba de un hombre que construyó una máquina del tiempo para retroceder hasta poder ver a Jesús. La máquina funcionó y vio a Jesús cuando éste tan sólo tenía doce años. Su padre le enseñaba el oficio de carpintero.
Un día, dos soldados romanos entraron en el taller y le mostraron el plano dibujado en papiro de un trabajo que necesitaban a la mañana siguiente. Era una cruz que tenían que utilizar para la ejecución de un rebelde.
Jesús y su padre la construyeron. Estaban contentos de tener trabajo. Y el rebelde fue ejecutado sobre ella.
Así fue.

Kurt Vonnegut, Matadero Cinco

mudwerks:

Claudelle (by Covers etc)

mudwerks:

Claudelle (by Covers etc)

mudwerks:

psycho (by unexpectedtales)
Nº. 1 of  83