Nº. 1 of  86

Hojas que pasan

Sucesos de historia literaria

Rodrigues Lapa nos aclara, poco a poco, los secretos de la lengua portuguesa, y nos lo explica, esclarece, que ésta es la misión de la estilística, para la que, por otra parte, no hay errores en la expresión, «porque para los mayores desvíos se encuentra una determinante psicológica natural». El capítulo que trata de la concordancia es de una sutileza incomparable, con los felices ejemplos de Camões, Eça, de Heitor Pinto, de João de Barros… Y el amor de la lengua viva, haciéndose y deshaciéndose, como una sardana, le salta al maestro Lapa del corazón a los labios: «Es siempre lícito a los artistas elegir la concordancia que mejor les parece. Los gramáticos reaccionan en contra, y es su deber, porque propenden a que se logre una lengua donde no haya esa populación de formas y construcciones. Pero», nos enseña Rodrigues Lapa, «una lengua no acumula formas de decir y de escribir por amor a la variedad. Esas variantes traducen otros tantos matices del sentimiento y de la idea. No son, por lo tanto, formas equivalentes, medios superfluos de expresión. El día en que llegásemos a una lengua perfecta, disecada, sin excepciones, habríamos matado al arte. Ahora, morir por morir, que muera la Gramática…».

Álvaro Cunqueiro, Papeles que fueron vidas. Crónicas literarias

grange31:

The best love poem ever

grange31:

The best love poem ever

Iván Ilich, muerto a los cuarenta y cinco años como miembro de la Cámara Judicial, era hijo de un funcionario que había hecho en Petersburgo, en distintos ministerios y departamentos, la carrera que lleva a los hombres a una situación en que, a pesar de mostrar su completa incapacidad para ejercer unas funciones realmente útiles, atendido su puesto en el escalafón y sus dignidades. no pueden ser despedidos, y por eso ocupan cargos imaginarios y ficticios, por lo que gozan de unos sueldos no ficticios entre los seis mil y los ocho mil rublos, con los que viven hasta la vejez más avanzada.
Así era Iliá Efimovich Golovín, consejero secreto y miembro innecesario de diversas e innecesarias instituciones.

León Tolstói, La muerte de Iván Ilich

Después del informe Jruschov, un sector entero, y no el menor, de la literatura francesa de los últimos treinta años se ha convertido en un cajón lleno de cartas de amor marchitas.

Julien Gracq, Capitulares

Hojeando ‘Por el camino de Swann’ para dar con el nombre de la casa de campo de la señora Vinteuil, ese ‘Montjouvain’ que se me escabullía de la memoria, unas cuantas líneas sobre Gilberte en Les Champs-Élysées me detienen al pasar: se trata de la nieve en la barandilla del balcón donde el sol, que asoma, pone «hilos de oro y reflejos negros». Es perfecto y ya no hay nada más que decir: queda zanjada una cuenta menuda con la creación y Dios queda pagado con un dinero que suena tan afinado como el tintineo de la moneda de oro en la mesa del cambista.

Julien Gracq, Capitulares

—¿Vamos a buscar una mujer? —propuso Stein.
—No; me voy.
—Pero no una mujer cualquiera. Una mujer que se anticipe a nuestra fantasía y demuestre que la realidad la supera. Que nos dé la totalidad del cosmos, hasta la próxima, con sólo tres agujeros y diez tentáculos.

Juan Carlos Onetti, La vida breve

Pasé mucho tiempo acostándome temprano, pero luego mis padres terminaron comprando su primer televisor.

Aleksandar Hemon, La cuestión de Bruno

El cañón de acero inoxidable del revólver le rozaba el muslo como un dedo amoroso, y se dijo: Lo representas todo para mí. Durante los siete próximos minutos serás mi mujer, mi abogado y mi dinero.

Denis Johnson, Ángeles derrotados

22 [de septiembre de 1917]. Nada.

Franz Kafka, Diarios

Nº. 1 of  86